Desde 2009
mi trabajo se ha visto inmerso en los cementerios de neumáticos, donde las
ruedas usadas de todo tipo de vehículos, esperan a la cadena de reciclado que
les permitirán seguir siendo parte de la idea para la que fueron concebidas. El
trayecto, el viaje, el traslado a cualquier otra parte.
En cada
rueda se vislumbra una vida diferente, el neumático desgastado por cientos de
kilómetros que seguramente han servido en muchas ocasiones para ir desde un
domicilio a una oficina y deshaciendo la rutina a algún que otro viaje soñado y
porqué no, también alguna ilusión fallida. La historia de sus ocupantes al
emprender un viaje de negocios, de placer, el viaje soñado hacia un lugar
distinto al propio y que les llevará a cualquier otra parte.
En los
neumáticos usados puedo evocar aquello que transportaron, la rutina por una
parte, las ilusiones por otra y ahora convertidos, con la sobriedad de su
color, en la amalgama de esperanzas que habrán de realizar durante la vida útil
que de nuevo les aguarda. La rueda de la vida vuelve a girar, a rodar a
cualquier otra parte.